lunes, 16 de mayo de 2011

El arregla todo


Todo comenzó con esta foto. Yo tenía 15 años y mi mejor amigo, mi discmann, estaba al borde de la muerte. Una serie de golpes ocasionados por frenadas bruscas por parte del conductor del 153 a las 7.30 am que no veía el tráfico, provocó que varias veces yo terminara estampada contra el vidrio de adelante y mi discmann dentro de la mochila, se golpeara contra las llenas de conocimiento (?) carpetas, cartuchera, etc. 
Esto me recuerda también a aquellas épocas en que iba caminando a la escuela con el discmann en la mochila y sí o sí debía ir en posición horizontal para que leyera el cd. Y si caminaba muy rápido empezaba a saltar y había que aminorar la marcha para escuchar bien la canción. 


Bueno, cuestión que el uso excesivo de mi aparitito lo fue rompiendo lentamente. Como me resistía a ver morir a mi compañero, fui toqueteándolo para darle algunos días más de vida. Primero se rompió el botón de play y entonces se lo saqué y lo pinchaba con un invisible, luego se rompieron todos los botoncitos, entonces destrocé la tapa y quedó así como se ve. Solucioné el tema del cerrado con un palito de Pico Dulce y las conexiones con cinta scotch. Mi discmann vivió así 6 meses. Desde ese día decidí que yo podía arreglar todo.


Con los años fui adquiriendo la capacidad de utilizar herramientas más adecuadas y sofisticadas para arreglar las cosas que tenía delante. Excepto hace unos meses que una de las fichitas de mi parlante izquierdo se rompió y estuve sosteniéndola 1 mes con un paquete de cafe brasilero, 1 palito de la ropa y una piedra, hasta que decidí que había que comprar unos nuevos. 


Con mi curiosidad por aprender más, también creció mi capricho y mi idea de "yo debo saberlo todo". Así fue como empecé a prestar mayor atención cuando mi papá Silvio hacía arreglos en casa o creaba maravillas en madera. Cada vez que iba a su carpintería caminaba entre las máquinas preguntando "y esto para qué es?", clavando clavos y probando cosas básicas. Así fue como aprendí a lijar a máquina, lustrar, encolar, cortar, y definir bordes en casi 4 tipos de madera diferente. También aprendí a usar el taladro y pude colgar sola todos los estantes que sostienen los libros de mi habitación. Silvio también me enseñó qué puntas debía usar dependiendo la pared que estaba perforando y fue él que me guió en mi primer circuito eléctrico que terminó haciendo saltar los tapones de la casa cuando yo llegué al punto sabiondo de decir "sí sí, entendí, ahora sigo yo sola". Ni hablar la cantidad de cosas en plomería: Desde destapar el baño y cambiar cueritos a instalar una nueva mochila para el inodoro. 


Cuando mi tutor en plomería, electricidad y carpintería, papá Silvio, murió hace un año y medio, me quedé con el martillo en la mano sin saber qué clavo clavar. Me costó mucho volver a mi afición por los arreglos hogareños. Muchas veces cosas básicas como encender la caldera o destrabar la persiana, me generaban rechazo y quería delegar la obligación en otra persona. Poco me duró este sentimiento porque, ver a mi madre que lagrimeaba cada vez que se encontraba frente a un electrodoméstico en corto circuito, me generaron ganas de volver al oficio. 
Me costó mucho encontrar un nuevo tutor pero, hace poco me topé con Martínez. 


Martínez es un "arregla todo". De esas personas que sabe hacer muchas cosas y que en una servilleta anota presupuestos que abarcan desde el cambio de una cerradura hasta la instalación de una estufa. Es un hombre grande de lentes cuadrados y raya al costado para tapar algunos signos de pelada. Mide alrededor de 1,60 y siempre va con un banquito plegable a todas partes. Su ropa de trabajo consta de una camisa de mangas cortas que no sale de los colores crema, blanco y amarillo apagado y un pantalón de vestir marrón con la marca del planchado prolijamente anunciada. Martínez es de esas personas que dice "por favor" y "gracias" hasta para anunciar su llegada. Es el que no pierde la paciencia y no se acobarda cuando del aplique del living sale humo y se está por incendiar la escalera de madera barnizada. Él saca el banquito del bolsillo, sube en dos pasitos hasta arriba, se seca la transpiración con el pañuelito blanco que guarda en el bolsillo frontal izquierdo y arregla TODO. 


Con Martínez volví a sentirme cómoda como para seguirlo por toda la casa preguntándole qué hace y por qué lo hace a cada paso. Le expliqué que mis preguntas no eran porque dudaba de su desempeño, sino por mi necesidad de aprender lo más posible. Así, el día de mañana, no depender de nadie y poder arreglar mis propios desperfectos con propiedad. Martínez, al escuchar mis motivos, intensificó sus explicaciones y llegó al punto de sugerir que buscara un anotador para mostrarme mejor cómo se hacía la conexión de un farol con sensor de movimiento. 


El domingo pasado mi mamá quiso otro farol con sensor, esta vez, lumínico. Agarré el auto, me fui al Easy y caminé contenta por las góndolas comprando todo tipo de chucherías para armar mi farolito como si estuviera eligiendo caramelos antes de entrar al cine. Volví, puse el tablón y los caballetes que Silvio y yo hicimos hace algunos años y después de 2 horas de quita, ponga, corte de luz, "laputísimaadóndeconectoestamierda", armé mi primer farol con sensor lumínico y lo instalé con mi viejo taladro, herencia de un boludo que un día vino a instalar una cortina y se lo dejó. 
El momento en que volví a conectar la luz fue el más tensionante. Mi dignidad y mi orgullo estaban en juego, me había apostado a mi misma que podía hacerlo, que yo voy a convertirme en una "arregla todo" y éste, era mi desafío más grande.


Perilla 1 arriba.
Perilla 2 arriba.


Y mi farol prendió


Mañana lo llamo a Martínez para contarle! 



2 comentarios:

Gabriel dijo...

Llegué tarde pero me gustó mucho la historia. ¿Lo llamaste a Martínez para contarle?

Herr Professor dijo...

me falta la mitad, pero ya lo ovy a temrinar eh!


esto es un comentario improductivo?
perdon, es que no entiendo bien como funciona la "productividad de palabras", yo siempre escribi porque era la actividad mas improductiva (por tanto mas bella) que conocia...